Sueño para el Invierno: Capítulo 20 “Puede no ser la oscuridad”

En este punto comienza la segunda parte de la historia. Es de madrugada y de pronto una puerta se abre pausadamente.


Por: Gregorio Laocoonte
16 Noviembre 2008 Deja tu comentario Comparta: Linkae | Guardar

En este punto comienza la segunda parte de la historia. Es de madrugada y de pronto una puerta se abre pausadamente. Entra un muchacho de veinte o veinticinco años. Camina sin encender la luz (la escena se desarrolla en una antigua casa de madera de tres habitaciones), abre otra puerta, llega a una cama, se quita los zapatos, se recuesta y se duerme de inmediato. Este muchacho es Gregorio.

Al otro día, a las siete u ocho u ocho y media, pero nunca a las nueve, Gregorio se levanta y sale de casa en dirección al hospital, que queda a diez minutos en colectivo. En la casa quedan su hermano menor, Camilo, (que por lo general se levanta a mediodía), y una señora rellenita de unos cincuenta años, tía de ambos, y que se encarga de preparar el almuerzo y de cuidar a Camilo. Gregorio, en cambio, se queda todo el día en el hospital, sentado junto a la camilla de su madre, escuchando partes médicos, hojeando viejas revistas de moda y mirando por la ventana. No vuelve a casa hasta después de medianoche. Así transcurren tres días.

La mañana del cuarto día, Gregorio recibe una llamada del hospital, en la cual le avisan que llevarán a su madre a Angol a realizarse unos exámenes. Regresa a la cama y, por primera vez desde su regreso, duerme profundamente hasta la una de la tarde. Almuerza junto a Camilo, y luego miran televisión un rato, hasta que Gregorio se levanta y hace una llamada. ¿Gregorio, eres tú?, pregunta una voz femenina. Sí, sí, hola, quería saber cómo estaba Ángela, dice Gregorio. La conversación, que no dura más de dos minutos, continúa así: la mujer, que es la mamá de Ángela, dice que su hija está en casa de unas primas. Pregunta a Gregorio cómo está, cuándo las irá a visitar. Gregorio a ambas preguntas responde con una mentira. Después decide salir a dar un paseo.

Nada ha cambiado mucho, piensa Gregorio, aunque hace más frío del que recordaba. Hace seis años se marchó y desde entonces sólo ha regresado para las fiestas y en esas ocasiones casi no sale a la calle. Pero aunque hubiera salido a la calle o hubiera regresado más a menudo, aún así, piensa, se habría visto forzado a decir que nada, nada ha cambiado mucho. Camina hasta a una plaza con la intención de mirar el río antes de que oscurezca. Al llegar ve a dos muchachos bajo un árbol. Uno de ellos se acerca y le pide fuego. Gregorio responde que no tiene, pero lo mira con atención hasta que lo reconoce. Se trata de un viejo compañero de escuela, a quien no veía hace ocho o diez años. Conversan varios minutos, mientras llegan niños, jóvenes e incluso algunas parejas con sus pequeños hijos en brazos. El otro muchacho, se aleja unos metros y, cuando vuelve, exclama que ya ha conseguido fuego. El ex compañero de Gregorio lo felicita, a la vez que del bolsillo de su chaqueta saca un cigarrillo de marihuana. Lo extiende a su amigo, quien lo enciende y comienza a fumar. En este punto, Gregorio se despide bruscamente. Su ex compañero lo abraza con fuerza y le hace prometer que seguirán viéndose.

Ya en casa realiza dos llamadas. La primera al hospital. La segunda a Concepción, a casa de Ángela. En la primera llamada se entera que su madre no ha regresado. En la segunda, habla con Ángela, quien se ríe mucho y pregunta cómo está y cuándo va a volver. Gregorio le dice que no lo sabe aún, porque debe cuidar a su madre que está enferma. Ángela deja escapar un gemido, y luego, para alegrarlo, canta muy despacio una canción de los Beatles. Sobre un sillón, Gregorio cierra los ojos y escucha la suave voz de Ángela, hasta que ella corta y ya no le queda más que ir a la pieza a ver en qué está su hermano.

.

· Guía de Capítulos

· Ilustración portada: Alvaro Huenchuleo

· Texto: Gregorio Laocoonte. gregorio(arroba)vitrinasur.cl




Deja tu comentario!

Puedes usar estas etiquetas:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Puedes utilizar tu Gravatar. Si no tienes uno, puedes registrarte en Gravatar.com. Ponle personalidad a tus comentarios!